Resulta obvio decir que el recorrido de distancias ha de ser progresivo, de la misma forma que la dificultad de las pistas. Debemos dar tiempo al caballo joven a que su sistema respiratorio y cardiovascular se adapte al incremento de esfuerzos y que su aparato locomotor se desarrolle adecuadamente.

Primero empezaremos por recorridos cortos de 5Km-10Km y posteriormente los iremos aumentando hasta los 20Km-30Km. Un caballo de ruta, trabajando principalmente al paso, combinándolo con algo de trote y muy poco galope, desarrolla una velocidad media de 6Km/h.

Cuando un caballo sale al campo nunca sabe el tiempo que durará la sesión. Por tanto, cuantas más veces salga y más variados sean los recorridos, menos malos hábitos desarrollará y más aprenderá a dosificar el esfuerzo. Transitar por un terreno variado refuerza las articulaciones, los ligamentos y los tendones y previene muchas de las lesiones típicas que se manifiestan principalmente en caballos de pista.

Debemos realizar un tipo de ejercicio que consuma principalmente grasa, es decir, un trabajo aeróbico. En una larga travesía por terreno desconocido, las reservas de glucógeno nos pueden ayudar a salir de un apuro. Por ejemplo, si nos perdemos, podemos recuperar el tiempo perdido con una buena galopada que nos evite llegar de noche.