Todos los que montamos a caballo tarde o temprano nos vamos al suelo. Algunas veces no le damos mayor importancia, pero en otras queda tocada nuestra confianza. Cuando esto último pasa, inevitablemente se produce un cambio en nuestra conducta y será necesario trabajar diversos aspectos para volver a la normalidad.

Aunque me he caído algunas veces y seguramente me continuaré cayendo (espero que no muchas más, y que en todo caso, no sufra ninguna lesión), este verano he tenido dos incidentes que me han hecho pensar en la conveniencia de exponer a los lectores el tema que propongo en este artículo. Pero antes de continuar desarrollando este tema, hablemos del caballo.

El caballo aprende por habituación y por asociación. Si en el momento de la caída el caballo no sufre ninguna mala experiencia, en principio éste no tiene por qué cambiar su comportamiento, aunque sí que es cierto que si la caída ha sido consecuencia de un rehúse permitido, o de cualquier otra acción en la que el caballo ha tomado la iniciativa, ese comportamiento que nosotros atribuimos como malo puede quedar reforzado en el caballo. Pero ya insistiré sobre esta explicación más adelante.

Ahora imaginemos una caída en la que ninguna parte del binomio queda lastimada.

  • ¿Cómo nos afecta a nosotros? Hemos cogido miedo y consecuentemente hemos perdido nuestra confianza. Aunque continuamos montando, hemos modificado sutilmente nuestra forma de hacerlo. Ahora vamos más tensos, nos alarmamos por cualquier movimiento inesperado del caballo y posiblemente montamos con las riendas más cortas. En función de nuestro carácter, de nuestro nivel de equitación y del conocimiento que tengamos sobre caballos, tendremos más herramientas para gestionar este conflicto.
  • ¿Cómo le afecta al caballo? Sin nosotros encima, el caballo es el mismo antes que después de nuestra caída. Cuando lo volvemos a montar, el caballo nota que alguna cosa ha cambiado. Ahora también se asusta cuando nosotros nos asustamos ya que, aunque no nos demos cuenta, estamos activando de forma inconsciente sus mecanismos de alerta. El caballo busca por encima de todo seguridad. Si la persona que monta el caballo está nerviosa y ha perdido la confianza, el caballo prescindirá de ese liderazgo e intentará encontrarlo por él mismo, desobedeciendo las órdenes y buscando el amparo en otros caballos del grupo o en un espacio en el que se sienta seguro.

La caída puede producirse de muchas formas y algunas de ellas podrían evitarse si el jinete o amazona tuviera un mayor conocimiento sobre caballos, y en concreto, sobre el caballo que está montando. Así por ejemplo:

  • Que un caballo se manifieste tranquilo y sea amable cuando se monta no es garantía de que ante determinadas circunstancias tenga una reacción explosiva o se vuelva incontrolable.
  • Que un caballo responda correctamente a las ayudas y a la forma de montar de una determinada persona no es garantía de que ese mismo caballo, montado por nosotros, se comporte igual.

Ese mayor conocimiento del que hablábamos antes nos permite anticiparnos a posibles situaciones con las que nos podemos encontrar. Debemos exponer de forma controlada a nuestro caballo al número máximo de experiencias para que él pueda aprender a superarlas, a la vez que nosotros podremos observar cuál es el su reacción al tenerlas que afrontar.

Ejercicio de paso estrecho: papel de plata que se mueve con el viento, hace ruido y produce reflejos.

Volviendo a la explicación que se había quedado a medias al inicio del artículo y haciendo nuevamente hincapié en la importancia que tiene, además de saber montar a caballo, entender cómo se comportan los caballos, muchos de los problemas que se presentan cuando nos relacionamos con estos animales no tienen su origen en el momento en el que inevitablemente nos vamos al suelo, el caballo nos pisa, o cuando éste no quiere pasar por un determinado sitio, sino que el problema ha ido surgiendo de forma imperceptible y gradual en pequeñas situaciones a las que no hemos querido prestar atención: un pequeño rehúse, un empujón con la cabeza, una salida al galope cuando soltamos el caballo en el campo, una estirada de cuerda cuando el caballo ve comida, etcétera. Recordemos que está en el instinto del caballo la necesidad de evaluar cada día si puede otorgar su confianza a otro caballo, el que él considera líder. Pensemos que el líder puede envejecer o dejar de ser apto para guiar o proteger a la manada. Es por esta razón que el caballo cada día nos prueba y es por esta misma razón que debemos estar atentos a esas pequeñas “insubordinaciones” y corregirlas de forma que no quede alterada la confianza que el animal tiene en nosotros. Como ya he comentado anteriormente en otros artículos, el grado de permisividad dependerá de la situación, del caballo y de nosotros, aunque siempre debemos de ser conscientes que la permisividad ha de ser una concesión nuestra hacia el caballo y no la consecuencia de que el caballo haya tomado la iniciativa y nos haya cogido por sorpresa sin que nosotros podamos reaccionar.

Por tanto, insistiendo nuevamente en todo lo dicho, una parte muy importante de la recuperación de la confianza pasa por entender mejor cómo se comportan los caballos, saber realmente cuál es nuestro nivel de equitación y cómo es el caballo que montamos. La racionalización de estos conceptos puede ayudar a la persona afectada a entender el motivo de su caía y le puede dar herramientas para modificar su conducta antes y mientras monta a caballo, a la vez que incidirá en la disminución de la probabilidad de sufrir nuevos accidentes.

Missy Ransehousen and Critical Decision at the Dairy Mounds during the cross country phase of Burghley Horse Trials 2009.

Hasta ahora he hablado únicamente de algunos factores de carácter cognitivo que pueden ayudar a la persona afectada a recuperar la confianza al montar a caballo. Pero aunque se desarrollen estos aprendizajes, además hay otros factores de carácter psicológico sobre los que también se tendrá que incidir y que están más relacionados con la forma de ser del individuo. Hay personas más valientes que otras, de la misma forma que hay personas más seguras en sí mismas que otras. Probablemente, aquella persona que ha ido a montar un día a caballo y que haya tenido una mala experiencia, nunca más volverá a montar, pero aquella que ha hecho de la equitación una afición, e incluso una forma de superación personal, igual que pasa con muchos otros deportes, una caía puede afectar directamente el estado de ánimo y la autoestima. Recordemos que en un deporte convencional únicamente se tiene que entrenar la persona que lo practica, mientras que en la equitación se tiene que entrenar el binomio formado por el caballo y el jinete o amazona, en el caso de que la persona afectada sea propietaria del caballo. Es decir, en la equitación hay una variable más que puede afectar a todo el proceso de recuperación.

Por consiguiente, durante el proceso de recuperación de la confianza quizás sea necesario intervenir de distintas formas:

  • Puede ser necesario que durante un tiempo, y mientras no se produzca la recuperación de la confianza, el caballo que se ha visto involucrado en la caída sea montado y entrenado por otra persona distinta y más experimentada.
  • Puede ser necesario que las primeras veces que la persona afectada vuelva a montar a caballo lo haga con un caballo que le proporcione más seguridad y confianza.
  • Aunque la persona afectada sea un experto jinete o amazona, puede ser necesario que las primeras veces que vuelva a montar a su caballo lo haga bajo la supervisión de un profesor o técnico.
  • Puede ser necesaria la intervención de un psicólogo o especialista que ayude a la persona afectada a recuperar la confianza. En este sentido, hay psicólogos del deporte y centros especializados que pueden ayudar en este proceso.