Trabajando adecuadamente el caballo a la cuerda conseguiremos crear un lenguaje de comunicación entre entrenador y caballo; mejoraremos la condición física del animal, como por ejemplo la flexibilidad y la resistencia; podremos enseñar al caballo a alargar el paso o a regular la velocidad del trote y del galope, a mecanizar la salida a buena mano al galope, así como a saltar o a vencer dificultades.

Muchas personas no le encuentran sentido a trabajar el caballo a la cuerda o se aburren cuando lo practican. La razón por la que esto pasa es generalmente porque no han comprendido su utilidad o no han sabido comunicarse con el caballo mientras le daban cuerda. Como en todas las otras cuestiones que tienen que ver con caballos, hay que ser receptivo y muy observador.

En las fotos de este artículo hay signos que indican que existe comunicación entre entrenador y caballo. Observemos la mirada del caballo hacia el interior o la posición atenta de las orejas.

Pero para conseguir los objetivos anteriormente descritos, además de ser buenos observadores, necesitamos ser entrenadores activos y no meras agujas de un compás en el que el caballo es la punta trazadora. Nuestra posición respecto del animal ha de ser móvil y la presión ejercida, así como la tensión aplicada en la cuerda, ha de ser la adecuada al tipo de ejercicio que en cada momento estemos practicando. La cuerda puede actuar en determinados momentos como una rienda y nos permite enseñar al caballo a mantener el contacto con nuestra mano, pero también su tensión o distensión nos permitirá obligar al animal a mantener un trazado, a que salte un obstáculo o a premiar una determinada acción, siendo el trabajo a la cuerda una magnífica herramienta para enseñar al caballo a que baje la cabeza, incluso sin que tengamos que utilizar riendas de trabajo especiales.

Antes de empezar, aclararé algunos términos que pueden aparecer en las explicaciones:

  • Circunferencia, trazado o recorrido: trayectoria que queremos que describa el caballo cuando se mueve.
  • Círculo o zona: espacio de trabajo delimitado por la cuerda que une al entrenador con el caballo.
  • Presión: cualquier elemento que ayude a que el caballo avance, como puede ser la posición del entrenador respecto del caballo, la voz, la mirada, una tralla o el extremo sobrante de la cuerda que se puede utilizar también como elemento de presión. Para captar la atención de caballos un tanto distraídos, el entrenador puede chascar los dedos o hacer algún tipo de ruido para reclamar la atención del caballo.

Recordemos que los caballos generalmente no se mueven igual a mano izquierda que a mano derecha y que utilizan su cuello para mejorar su equilibrio y su movimiento. Los caballos generalmente miran hacia el exterior, no para huir de nosotros, sino para aligerar el peso que recae sobre su mano interior cuando les hacemos trazar circunferencias. Pero nosotros queremos que la cabeza del caballo se oriente hacia el interior y tiramos de la cuerda pensando que el caballo irá mejor, cuando en realidad lo que hacemos es romper con nuestra fuerza el equilibrio natural del caballo, provocando justamente lo contrario. Con paciencia y poco a poco, podemos enseñar al caballo a que mire hacia el interior, pero esto únicamente será posible cuando el caballo tenga la cabeza relativamente baja y se impulse con los posteriores. Es decir, cuando el caballo esté atento, relajado y trabaje adecuadamente. Contrariamente, un caballo nervioso o con miedo, estará en posición de alerta, con la musculatura contraída y la cabeza levantada.

En la siguiente foto podemos observar que cuando no se ejerce tensión sobre la cuerda, aunque el caballo esté atento a las indicaciones del entrenador, la cabeza del caballo mira ligeramente hacia el exterior.

La acción conjunta de la posición del entrenador respecto del caballo, la presión ejercida sobre el animal y el nivel de tensión en la cuerda determinarán la forma de moverse del caballo. Como principios más o menos universales podemos decir que el caballo se alejará del entrenador cuando exista presión sin tensión en la cuerda o moverá en sentido contrario la parte de su cuerpo sobre la que sienta presión, se alejará del entrenador si está nervioso o tiene miedo (exista o no presión o tensión) y se acercará al entrenador cuando en ausencia de la presión exista tensión en la cuerda.

Para empezar a dar cuerda lo primero que debemos hacer es darle una dirección al animal, ejercer un poco de presión si el caballo no ha entendido nuestra intención y permitir que el caballo se aleje de nosotros soltando la cuerda necesaria. A partir de aquí y en función de los aspectos que queramos trabajar, podemos utilizar tanto espacio de pista como necesitemos. Podemos crear un circuito que incluya barras de tranqueo, algún pequeño obstáculo, conos, pasos estrechos, etcétera y guiar con la cuerda al caballo que queramos entrenar.

Sin entrar en demasiados detalles, analicemos algunas de las distintas formas que tiene el caballo de reaccionar cuando le damos cuerda y veamos cómo se puede gestionar la situación.

  1. Cuando el caballo nota tensión en la cuerda flexiona el cuello hacia el interior, se queda perpendicular a la circunferencia y mirando al entrenador, lo que provoca que el caballo deje de moverse. En este caso el entrenador debe alejar la espalda interior del caballo devolviéndola al trazado de la circunferencia y reducir tensión en la cuerda. El caballo se quedará dentro del círculo y el entrenador no tendrá que redefinir el espacio de trabajo. Normalmente esta situación se produce cuando nos encontramos con caballos que tienen una buena flexibilidad en el lado interior y casi siempre se produce trabajando a mano izquierda.
  2. Cuando el caballo nota tensión en la cuerda desplaza la grupa hacia el exterior y quizás avanza de lado. En este caso el entrenador ha de reconsiderar su posición, debe situarse por detrás del caballo y reducir tensión en la cuerda. Normalmente esta situación se produce cuando nos encontramos con caballos que presentan cierta rigidez en el lado interior y casi siempre se produce trabajando a mano derecha.
  3. Cuando el caballo no quiere avanzar o cambia repentinamente de sentido. En este caso pueden influir básicamente dos circunstancias: la habituación del caballo a tener al entrenador en su lado interior o la rigidez que puede presentar el caballo descrita anteriormente. En cualquiera de estas dos situaciones deberemos mantener tensión en la cuerda, no tirando hacia nosotros, sino evitando que el caballo cambie de sentido, a la vez que deberemos mantener la presión para obligar al caballo a que avance.

Aportemos ahora algún ejercicio que podemos practicar con nuestro caballo.

  • Enseñar al caballo a que mire hacia el interior o se incurve. Para realizar este ejercicio, una vez el caballo esté en marcha y empezando siempre al paso y sin que el caballo galope, avanzaremos hacia la grupa del caballo sin que exista tensión en la cuerda pero manteniendo una cierta presión que ayude a que el caballo avance. Al movernos hacia la grupa modificaremos el ángulo de visión que tiene el caballo sobre nosotros y éste, para no perdernos de vista, girará la cabeza hacia el interior.
  • Enseñar al caballo a empujar contra la tensión o a mantener el contacto con nuestra mano. Como en el ejercicio anterior, una vez el caballo esté en marcha nos situaremos a un lado del caballo, como si quisiéramos trabajar con riendas largas, pero manteniendo una posición lateral que nos permita avanzar hacia el caballo a la vez que mantendremos una cierta presión sobre el animal que le obligue también a avanzar. La sensibilidad de nuestra mano cediendo a la presión cuando el caballo también ceda hará el resto del trabajo.

En las siguientes fotos podemos ver la actitud y la posición del caballo una vez practicados los ejercicios anteriores.

Nota: todos los ejercicios se muestran a mano izquierda debido a que la crinera del caballo cae a mano derecha. De esta forma, se puede apreciar un poco mejor la disposición del cuello del caballo de ejemplo, Tròpic, un caballo cruzado de paseo de siete años de edad.