Para realizar estos ejercicios no necesitamos estar con caballos. Podemos practicarlos en cualquier sitio con un poco de espacio.

En este artículo continuaré hablando de formación y de cómo, sin necesidad de disponer de caballos reales, podemos transmitir valiosos conocimientos a nuestros alumnos.

El jinete y seleccionador olímpico del equipo francés de salto Jean d’Orgeix (1921-2006) habla en una colección suya de vídeos muy pedagógica sobre estos conceptos.

Aunque nuestros brazos han de ser ligeros y adaptativos al montar a caballo, también se han de mostrar firmes e inmóviles cuando la situación lo requiere. Esta fijeza de brazos únicamente es posible cuando retrasamos nuestras escápulas hacia atrás. Hagan una prueba. Pongan los brazos como si sujetaran las riendas y salten con los pies juntos dejando las escápulas relajadas. Ahora repitan el mismo ejercicio pero con las escápulas retrasadas. Observarán que en la primera vez los brazos se mueven como los de un monigote, mientras que en la segunda, los brazos se mantienen firmes e inmóviles. Si además, nuestros talones se mantienen bajos manteniéndose en el eje hombros-cadera, nuestro cuerpo podrá soportar sin apenas moverse la fuerza que ejerce el caballo cuando baja su cabeza (muy útil para aguantar a los caballos maleducados que siempre están intentando comer mientras caminan).

Pongamos en práctica otro ejercicio. Súbanse a su caballo (debidamente equipado) o encima de un taburete y denle la mano a un amigo que esté situado de pie a su lado. Pídanle que estire de su brazo y no hagan ningún tipo de fuerza ni con sus espaldas ni con sus talones. Verán como caen hacia adelante. Repitan el ejercicio retrasando sus escápulas y bajando los talones. ¡Ahora ya no hay quien les tire del caballo!

Modelo: Andrea Closas Taberner.